lunes, 31 de octubre de 2011
Comer para vomitar
No hay nadie que odie tanto como yo la odio a ella. No existe odio igual en el mundo entero, con el perdón de las madres de hijos asesinados y violados, no hay odio como el mío. La odio con todas mis fuerzas, y mis vómitos lo avalan. Nunca, nunca vomité con tanta rabia y con tal verborragia como hoy, como cuando ella es quién me impulsa a vomitar. Necesitaba sacarla de mí, necesitaba ver que salía de mí. Pero no sale... vomité y vomité y no sale, y el estómago quedaba vacío y el dolor seguía martilleándome los sesos. Me rebana. Y seguía ahí. Por un momento pensé en volver a cortarme, salí victoriosa y no lo hice. No lo vale. Recuerdo yo que hace unos años me escribía TE ODIO en todo el brazo, y lo decoraba con unos cortes no muy profundos, pero que hoy años después si examino con cuidado los puedo ver. No sé si será ilusión mía pero hay veces que los veo. Infinitas veces busqué ese TE ODIO y nunca lo volví a encontrar. Supongo que no necesito que me lo recuerde, cada centímetro de mi cuerpo me recuerda cuánto la detesto, cuánto asco le tengo y cuánto daría por que se muriera. La mataría yo misma si no fuera porque tengo demasiadas esperanzas en el futuro. La mataría sí, y a Dios le pido autorización. Hay veces que pienso que su silencio es un SI, pero nunca la mato. Tengo imaginado cómo lo haría, y cuánta rabia denotaría su cuerpo mutilado. Nunca lo hago. Supongo que es un alivio... pero vivir con ella me atormenta. No la voy a matar, va a sufrir primero. Vas a sufrir mucho grandísima hija de re mil puta, te juro que me las vas a pagar, una por una, por el daño que nos causaste a mí y a mis hermanitas. Lo juro, vas a pagar.
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